Vega se incorporó un poco para ver la hora en el reloj de la mesilla de noche, y no pudo evitar recorrer con la mirada la habitación envuelta en un halo de tristeza infinita. Era muy tarde pero no le importaba lo más mínimo, últimamente se encontraba ausente, como en una gran burbuja alejada del mundo. Siempre que pasaba esto era porque estaba enfrascada en uno de sus libros, y este estado no solía ser breve.
Se dejó caer en el sofá junto a un gato color canela que no le quitaba el ojo de encima. Sacó su viejo portátil y comenzó a escribir.
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