De pronto sintió como la tela se desvanecía, los enmascarados desaparecían y ella caía en la oscuridad. Estaba demasiado confundida como para gritar mientras caía, pero no lo suficiente como para no agradecer la misteriosa desaparición de aquellos horribles seres de negro y se sentía aliviada de poder respirar con normalidad.
Seguía cayendo en una oscuridad indefinida y pensó que se quedaría allí para siempre, cayendo entre las sombras, cuando apareció una pequeña luz dorada, y decía con una voz susurrante.
-ven... ven... ven...
-¿A dónde? ¿A dónde debo ir?- dijo la chica intrigada, y la luz empezo a cantar.
Ven, donde los colores son más brillantes,
Ven, donde siempre sonreirás,
Ven, ven cuanto antes,
No te arrepentirás...
-¿Dónde? ¿Cómo llegaré allí? ¿Dónde?- exclamó ella desesperada, dejó de caer y todo se iluminó. Miro desconcertada a su alrededor, ahora se encontraba en una verde pradera con un pozo, todo aquello le resultaba tan extrañamente familiar, como si hubiera estado allí antes, como si hubiera pasado ya lo de las figuras negras, lo de la tela, caer en la oscuridad, la luz y el pozo. Y la voz susurrante.
-Luna, Luna, Luna... ¡Luna!
Luna abrió lentamente los ojos y cegada por la repentina luz soltó un largo bostezo.
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